Parecía que la armadura se fuese a soldar entre el cuerpo y el metal, apretada muy fuerte empujando del tórax al corazón... Qué pobre corazón, sus latidos casi muertos hacen que no suene como un tambor, más bien a un movimiento pesado, muy pesado entrelazado con punzantes destellos de ilusión. Pobre corazón aferrado a un hilo muy fino entre la ficción y realidad.
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